La mejor mitad

Las crónicas del Otro Mundo

goethe

Una piscina de diez metros de longitud, con un escueto anexo en una punta para permitir unas escaleras de obra y un tobogán azul de dos metros de altura en el otro extremo. Esa era mi musa.

Cuando ya todos se habían acostado, nunca antes, abandonaba la casa y llegaba a la piscina para quemar un cigarrillo. Uno y solo uno; a fin de cuentas, ese palito combustible y venenoso tan solo me daba la excusa para salir. No estaba permitido fumar en casa, aunque el resto de adictos lo hiciera sin que ocurriese nada por ello. De todas formas, era irrelevante: como he relatado, el pitillo era una mera excusa para presentarme en aquel emplazamiento. Una vez allí, en la quietud de la noche, en la solemne oscuridad tan solo interrumpida por los fanales de las entradas de los demás vecinos, comenzaba a rodear la piscina. Vueltas y más…

View original post 872 more words