Ceniza en el espejo

Las crónicas del Otro Mundo

Sesenta vatios, ochocientos lúmenes. Dos bombillas de luz blanca, por fin. Hacía tantísimo tiempo que se había propuesto cambiar las luces del espejo del aseo, que siempre que había ido de compras había olvidado hacerse con ellas, como si la obtención de las mismas constituyese un vago recuerdo de una aspiración ya pasada. Pero aquel día, repentinamente, sucedió: al llegar a la caja del hipermercado en el que su esposa y él habían realizado la compra de la semana, en el expositor que reposaba a su derecha, se exhibía orgullosa una cohorte de estuches en oferta cuyo contenido se hallaba en disposición de iluminar de manera más efectiva su cuarto de baño. Fue el punto de inflexión ineludible en el que su ciertamente añeja voluntad de adquirir aquellos focos se convirtió en una obligación inapelable. Resultó un momento un tanto cómico para Adrián y Lucía: tras tanto tiempo aludiendo esporádicamente…

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