El maestro del Prado, sol guaraní, confituras de baño

bell@espíritu

Los traslados que demanda cada periplo que se emprende representan horas que sumergen al viajero en un limbo temporal hasta que se arriba a destino; la predisposición y la paciencia son fundamentales para no amilanarse ante cualquier contratiempo que pueda surgir sobre todo en cuanto a horarios, tan volubles cuando de compañías aéreas se trata.

En estos casos, según mi opinión, el mejor compañero para las esperas es un libro que no sea denso en volumen ni en contenido, ya que es difícil concentrarse en temas demasiado profundos ante el tedio o el sueño. El maestro del Prado, de Javier Sierra, fue mi compañero durante el viaje a Montevideo, demorado seis horas respecto del horario previsto por contingencias varias.

El libro se encuentra narrado en primera persona por el autor, quien recuerda una serie de encuentros con un personaje misterioso en el ámbito sobrecogedor del Museo del Prado

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